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Visión religiosa | Museu de la Patum de Berga

Visión religiosa

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Descripció: 

Los orígenes de la Patum de Berga se encuentran en la procesión religiosa del Corpus Christi, específicamente en los entremeses que por las calles acompañaban al desfile triunfal de una Custodia que, bajo palio, tenía la función de mostrar públicamente el Sacramento Eucarístico al pueblo, para que así pudiese ser venerado y exaltado con la debida solemnidad.

La procesión religiosa fue instituida en el siglo XIV para luchar contra todas aquellas prácticas religiosas tildadas de heréticas por la Iglesia Católica, siendo los entremeses, las representaciones parateatrales que se encargaron de aleccionar pedagógicamente al pueblo en la ortodoxia dogmática católica.

Con el paso del tiempo, estos entremeses perdieron su sentido original y pedagógico, transformándose y quedando en éstos, sus elementos más festivos. Esta separación, provocó el nacimiento de dos celebraciones paralelas en el mismo seno del Corpus, una exclusivamente religiosa, la procesión, y otra de carácter civil y laica, la Bulla, preludio de la actual Patum.

La Patum acompañó al séquito procesional del Corpus hasta 1969, fecha de su última representación. En la actualidad, la Patum se erige como una fiesta autónoma e independiente, desligada de sus remotos orígenes religiosos.

Ampliació: 

Los remotos orígenes de la Patum de Berga se sitúan en el siglo XIII, época de gestación y expansión de prácticas religiosas consideradas heréticas por la Iglesia Católica, combatidas por su jerarquía mediante la festividad religiosa del Corpus Christi (Rumbo, 2003:14). De entre todas estas herejías, una de las más divulgadas fue la de Berenguer de Tours, quien negando la presencia real de Cristo en la Eucaristía, se convirtió en el detonante para la creación de la festividad. Esta celebración fue instituida por el papa Urbano IV mediante la bula Transtiturus de hoc mundo en 1264 (Felipó, 2005:23). En 1310 comenzó a ser representada en forma de procesión y en 1316 fue universalizada por el papa Juan XXII (Noguera, 1992:12). La primera constancia documental de la existencia y representación del Corpus en Berga se sitúa en el año 1527, a partir de unos acuerdos tomados por la Comunidad de Preveres el 13 de junio de 1527. De todas maneras, lo más probable es que sus orígenes sean anteriores a esta fecha, situándose en la época de institucionalización del Corpus, tal y como sucedió en el resto de poblaciones catalanas (Noguera, 1992:13).

La institución de la Octava de Corpus y su procesión, tenían como función exaltar y venerar públicamente el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en forma de procesión en las calles, para así mostrar la Sagrada Forma ante todo el pueblo (Felipó, 2005:23). La procesión del Corpus disfrutó rápidamente de un éxito rotundo entre la población, ya que permitía por primera vez la exaltación pública del Sacramento Eucatístico fuera de los templos religiosos de forma ambulante, muy del gusto en la Edad Media (Noguera, 1992:13). La exposición pública de la Sagrada Forma en la Custodia y bajo palio (Amades, 1972:98) durante la procesión del Corpus Christi, estuvo acompañada desde sus inicios por una serie de entremeses -representaciones parateatrales- que tenían la función de aleccionar ideológicamente al pueblo contra cualquier tipo de práctica religiosa que se alejase de la ortodoxia católica. Estos entremeses, basados en pasajes bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, en alegorías o en los evangelistas (Noguera, 1992:13), son el origen de la actual comparsería de la Patum que ha llegado hasta nosotros.

El elemento protagonista en la procesión del Corpus en Berga, como en el resto de poblaciones catalanas desde sus inicios, fue la Custodia. La comparsería era un elemento secundario en la procesión, con una clara función pedagógica y aleccionadora ya que debía reforzar en los creyentes los dogmas canónicos para la jerarquía católica. De todas maneras, con el paso del tiempo, estos entremeses fueron perdiendo su sentido pedagógico original, potenciándose y conservándose en éstos sus partes y elementos más festivos, lo cual les propinó un gran éxito entre la población (Rumbo, 2003:15). Este carácter lúdico comenzó a ser tildado de abuso por parte de la jerarquía eclesiástica a partir de los siglos XVII y XVIII, influenciada por el clima restrictivo impuesto desde el Concilio de Trento (1545-1563), conservadurismo a su vez potenciado durante la época ilustrada. Estos aires restrictivos imponían que las manifestaciones religiosas debían ser decorosas y respetuosas, aspecto que afectó de gravedad la existencia de este tipo de representaciones de origen medieval. Este alejamiento del decoro exigido por la curia católica, provocó que los originarios y pedagógicos entremeses medievales diesen paso a unas muestras festivas protagonizadas por los propios entremeses que tomaban parte en la procesión, que derivaron en la Bullanga del Santísimo Sacramento, preludio de la actual Patum (Rumbo, 2003:15). Esta divergencia, provocó el nacimiento de dos celebracions paralelas en el mismo seno del Corpus, una estrictamente religiosa (Corpus Christi) y la otra, de carácter civil y lúdico (Bulla-Patum).

El carácter festivo y lúdico de la Bulla durante la procesión del Corpus, generó toda una serie de prohibiciones y restricciones hacia este tipo de representaciones en el interior de los templos religiosos, para así devolver a la procesión, su dignidad y decoro originales.

En Berga, se han conservado fuentes documentales sobre dos prohibiciones. La primera fue la que dispuso el obispo Miguel de Santos en 1689, y la segunda, la de la carta del vicario general de Solsona al rector de Berga en el año 1723 (Rumbo, 2003:16). Según el historiador Josep Noguera (Noguera, 1992:19), 1723 podría establecerse como la fecha límite en que la representación de la Bulla-Patum de Berga tuvo un carácter exclusivamente religioso, ya que este tipo de prohibiciones obligó a las comparsas a abandonar el interior de las iglesias para salir a las calles. Si en gran parte de las poblaciones catalanas, la presión eclesiástica provocó la desaparición de este tipo de entremeses durante la celebración de la procesión del Corpus, en Berga, excepcionalmente, las comparsas no sólo se ampliaron y se transformaron sino que han llegado hasta nosotros en forma de comparsería de la Patum, autónoma y desligada por completo en la actualidad de su origen religioso. Es interesante apuntar que, la misma Iglesia que había estimulado y acogido en su seno a las representaciones religiosas, las acabó repudiando, acentuando así su oposición, ayudada casi siempre por el poder real y por las autoridades civiles (Noguera, 1992:15). Tan sólo la presencia de las comparsas durante la celebración del Corpus, recordó hasta su definitiva desaparición, su antigua vinculación con ésta (Rumbo, 2003:17).

La procesión del Corpus Christi y su Patum en Berga, fueron representándose año tras año con algunas excepciones, hasta la segunda mitad del siglo XX, época en la que a instancias de la doctrina impuesta por el Concilio Vaticano II (1962-1965), comenzaron a desaparecer este tipo de procesiones religiosas (Felipó, 2005:23), siendo el año 1969 el de su última representación, y 1970, el año de su supresión definitiva (Felipó, 2005:180-181).

En la actualidad, la Patum, ya sin ningún tipo de subordinación hacia sus orígenes religiosos, se erige como una festividad autónoma e independiente. De todas maneras, todavía existen elementos de cariz religioso vinculados con la representación: el período del año en que ésta es festejada -época de Corpus Christi- y en la celebración durante el transcurso de la festividad, de diferentes oficios religiosos que recuerdan en la actualidad cuál fue su origen.

Aprofundiment: 

Los orígenes de la comparsería de la Patum, remotos en el tiempo, se sitúan en un contexto histórico particular y concreto, el de la época del nacimiento e institucionalización de la procesión del Corpus Christi en el siglo XIII. De este siglo data la época de gestación y expansión de herejías que se alejaban de las prácticas religiosas consideradas canónicas por la Iglesia Católica (Rumbo, 2003:14). De entre toda esta maraña herética, destaca una de las herejías más divulgadas de la época, la de Berenguer de Tours, quien negando la presencia real del Cristo en la Eucaristía (Generalitat de Catalunya, 2004:9), provocó y originó el nacimiento de la festividad del Corpus Christi (Rumbo, 2003:14-15). Otra de las teorías sobre su origen, más legendaria y de menor rigor histórico, se atribuye a la tradición, a las visiones místicas que tuvo la beata Juliana de Mont-Cornullon (1193-1258), abadesa en la diócesis de Lieja (Bélgica) en un convento de agustinas, sobre una solemne celebración en honor al Santísimo Sacramento, visiones que transmitió al futuro papa Urbano IV, su confesor en el momento (Felipó, 2005:23).

En 1246, Robert Thorete, el obispo de la diócesis de Lieja, decidió que en esta población podía celebrarse una festividad en honor al Santísimo Sacramento, el jueves posterior a la Octava del Pentecostés (Rumbo, 2003:15). Aunque en sus inicios, el marco de existencia del Corpus fue meramente local -la diócesis de Lieja- rápidamente adquirió un éxito sin precedentes que le permitió expandirse y asentarse con facilidad por toda la geografía cristiana católica (Generalitat de Catalunya, 2004:18).

La festividad de Corpus fue instituida por el papa Urbano IV con la bula Transiturus de hoc mundo el 8 de septiembre de 1264 (Felipó, 2005:23). En 1310 comenzó a representarse en forma de procesión y en 1316 fue universalizada por el papa Juan XXII (Noguera, 1992:12). Parece ser que la primera procesión de Corpus documentada en Cataluña fue la de Barcelona en el año 1320 (Costa i Farràs, 1987:13), procesión que junto a la de Valencia, sirvió de modelo para el resto de poblaciones catalanas y por supuesto también para Berga (Noguera, 1992:12). La procesión más antigua documentada en el Berguedà fue la de Bagà en 1333 (Noguera, 1992:12) y la primera constancia documental, fruto de la casualidad, sobre la existencia y celebración del Corpus en Berga data de 1527, en referencia a unos acuerdos tomados por la Comunidad de Preveres el 13 de junio de 1527 (1). A pesar de esta laguna documental, la celebración de la procesión en Berga con toda probabilidad data de una fecha anterior a 1527, de la época de institucionalización del Corpus (Noguera, 1992:13) como en el resto de poblaciones catalanas.

La festividad de la Octava de Corpus y su procesión -la Octava se compone de ocho días formados por una fiesta principal y los siete días que la siguen- (Felipó, 2005:23), primero fue instituida en honor a la Eucaristía y poco después fue establecida en forma de procesión de Corpus en las calles, para pasear y mostrar la Sagrada Forma ante todo el pueblo cristiano y católico (Felipó, 2005:23).

El rotundo éxito de esta celebración a lo largo del tiempo (2), pudo deberse a diversos factores. El Corpus es una de las fiestas movibles dentro del calendario católico, celebrándose siempre 60 días después de Pascua. Dicha festividad a su vez se encuentra condicionada por las fases lunares, ya que el Viernes Santo ha de celebrarse siempre en un día de luna llena, razón que explica que el Corpus siempre caiga a finales de mayo y principios de junio (Felipó, 2005:24). Este carácter de movilidad siempre ha permitido a la festividad cambios de programación, dependiendo del cariz sociopolítico del momento. Otro de los factores pudo ser, que la procesión del Corpus Christi exaltó por vez primera el sacramento eucarístico fuera de los muros eclesiásticos, en forma de ritos ambulantes y procesiones muy del gusto en la Edad Media (Noguera, 1992:13). Este tipo de procesión, fue creada con la finalidad de luchar ideológicamente contra toda práctica herética que se alejase de la ortodoxia y el dogma católicos. Para este propósito, en torno al desfile triunfal y adoración del Santísimo Sacramento, fueron apareciendo toda una serie de entremeses o representaciones parateatrales, inspiradas y basadas en pasajes bíblicos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, en alegorías, en los evangelistas (Noguera, 1992:13) o en la readaptación y asimilación por el cristianismo de ritos precristianos y paganos (Rumbo, 2003:41). Estos entremeses, creados y gestados por parte de la jerarquía católica con una clara vocación pedagógica y aleccionadora para el pueblo, son el origen de la actual comparsería de la Patum que ha llegado hasta nuestros días. Su origen fue claramente religioso y aun cuando a lo largo de su evolución en el tiempo, la comparsería fue alejándose de este contexto para acercarse a otro más lúdico, civil y laico, siempre estuvo ligada a la procesión hasta el año 1969, fecha de la última representación de la celebración en el mundo católico hasta su supresión definitiva en 1970. La Patum estuvo vinculada a la procesión hasta su desaparición ya que la precedía en su salida (Felipó, 2005:181). En la actualidad, la representación de la Patum se ha erigido como una festividad de carácter autónomo e independiente.

La festividad del Corpus Christi tenía como finalidad, exponer públicamente el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en Custodia y bajo palio (Amades, 1972:98) en forma de procesión. La Sagrada Forma era venerada y paseada públicamente por las calles en custodias (...) de oro y plata, enriquecidas con valiosas pedrerías y esmaltes de mérito artístico (Amades, 1972:98). En todas partes y Berga no fue una excepción, la Custodia era el elemento fundamental de la procesión ya que estaba destinada a exponer y a exaltar de manera solemne el Santísimo Sacramento, motivo de instauración de la fiesta (Felipó, 2005:14). El acto era tan solemne que todavía en la historiografía se debate si la manifestación religiosa sirvió de modelo para el ceremonial de entrada del rey a la ciudad o bien, fue al contrario (Noguera, 1992:13).

El Corpus Christi bergadán, establecido en Octavas, se celebraba con toda probabilidad desde sus orígenes, conjuntamente con las fiestas de los barrios o "quartos" (3), aspecto que acontecía en la mayoría de poblaciones catalanas del momento (Costa i Farràs, 1987:15). Según Antoni Sansalvador, Berga estaba dividida desde tiempos inmemoriales en cuatro barrios" (Costa i Farràs, 1987:18).

En la procesión de Berga el elemento fundamental y protagonista desde sus inicios fue la Custodia. La comparsería y los entremeses eran elementos secundarios que tenían como función reforzar en los creyentes las doctrinas y dogmas considerados canónicos por la jerarquía eclesiástica, mediante representaciones parateatrales en las calles. Con el paso del tiempo, estos entremeses se fueron desvirtuando, perdiendo su sentido original y pedagógico, potenciándose y quedando en éstos, sus elementos más lúdicos y festivos. Este tipo de representación obtuvo un gran éxito por parte del pueblo (Rumbo, 2003:15). Estos aires festivos en las representaciones, comenzaron a peligrar seriamente a partir de las rigurosas restricciones que comenzó a imponer la Iglesia Católica desde la celebración del Concilio de Trento (4)(1545-1563). La reforma tridentina impuso que toda manifestación religiosa debía regirse, expresarse y manifestarse desde el decórum y el respeto. Este conservadurismo de origen tridentino, con el paso del tiempo, fue ampliándose y asentándose en la época ilustrada, afectando gravemente la existencia de este tipo de representaciones de origen medieval. En una suerte de evolución natural, estos entremeses fueron alejándose de la rectitud que exigían los postulados eclesiásticos hacia la procesión, dando paso a unas muestras festivas protagonizadas por los propios entremeses que tomaban parte en la procesión, que derivaron en la Bullanga del Santísimo Sacramento, preludio de la actual Patum (Rumbo, 2003:15). Esta desviación, provocó el nacimiento de dos celebraciones paralelas en el mismo seno del Corpus, la procesión estrictamente religiosa del Corpus Christi, destinada a venerar al Santísimo Sacramento y a la jerarquía católica y la Bulla o Bullanga del Santísimo Sacramento, formada estrictamente por la comparsería, de carácter civil y destinada a homenajear a las autoridades locales (Generalitat de Catalunya, 2004:10). El carácter lúdico de la Bulla en la procesión, fue prontamente tildado de abuso por parte de la jerarquía católica, lo que se tradujo en la imposición de restricciones y prohibiciones hacia este tipo de muestras festivas en el interior de los templos religiosos, con la función de devolver a la procesión su sentido original.

En el caso de Berga, destacan dos prohibiciones de las que se han conservado fuentes documentales. La primera fue la dispuesta por el obispo Miguel de Santos en 1689, y la segunda, la de la carta del vicario general de Solsona al rector de Berga en el año 1723 (Rumbo, 2003:16). El historiador Josep Noguera, apunta que la prohibición de 1723 (Noguera, 1992:19) fue la fecha límite en que la Bulla-Patum de Berga tuvo una finalidad representativa de carácter exclusivamente religioso. Este tipo de prohibiciones, obligó a las comparsas a abandonar el interior de los muros eclesiásticos que hasta entonces las habían albergado para salir a las calles. La sustitución de un marco festivo por otro y la presión eclesiástica fueron los detonantes en la desaparición de este tipo de representaciones parateatrales medievales alrededor de la procesión del Corpus, en gran parte de las poblaciones catalanas del momento. Berga fue una excepción en toda regla, ya que en su procesión, los entremeses integrantes en ésta no sólo se ampliaron y se transformaron sino que han llegado hasta nosotros en forma de comparsería de la Patum, autónoma y desligada por completo en la actualidad de su origen religioso, de la ya extinguida procesión del Corpus Christi. Es curioso observar entonces, como la misma Iglesia que había estimulado y acogido en su seno a las representaciones religiosas, las acabó repudiando, acentuando así su oposición, ayudada casi siempre por el poder real y por las autoridades civiles (Noguera, 1992:15).

Este proceso de separación provocado por la propia evolución natural de cada una de las manifestaciones, por las restricciones impuestas desde la Iglesia Católica y por la esencia vertebradora de cada una de ellas (Rumbo, 2003:17), generó un gran cambio en la Bulla -comparsería-. Si hasta el siglo XVIII, la existencia y representación de la Bulla-Patum de Berga no podía desvincularse de la procesión religiosa del Corpus, a partir de este momento, la comparsería comenzó a independizarse en un proceso que la convertiría finalmente en una manifestación autónoma. Tan sólo la presencia de las comparsas durante la celebración del Corpus, recordó hasta su definitiva desaparición, su antigua vinculación con ésta (Rumbo, 2003:17).

A finales del siglo XVIII y/o principios del siglo XIX, comenzó a producirse la sustitución del nombre de Bulla por el de Patum, modificación que según Antoni Sansalvador se debió a la reproducción verbal de la onomatopeya del sonido del Tabal, Pa-Tum! (Rumbo, 2003:18).

A partir de esta época es cuando la Patum, ciertamente desvinculada de su origen religioso y siguiendo su andadura ya de un modo más independiente, comenzó a ser "vista" e interpretada por intelectuales y eruditos locales y foráneos de una manera diversa. Tal y como argumenta Jaume Farràs en La Patum de Berga (Farràs, 1992:3) una ilustrativa metáfora sirve para explicar la significación de la festividad. La Patum es como un árbol de dos ramas, una política y otra religiosa, participando de ambos elementos en su existencia desde sus orígenes. La Patum es una manifestación festiva que participa de lo religioso y/o lo político de forma individual o al mismo tiempo. Por esta razón, y sobre todo a partir desde esta época, la Patum ha sido interpretada y dotada de significación desde parámetros exclusivamente religiosos, políticos o laicos, y en otras ocasiones, desde parámetros en los que fueron entremezclados indistintamente estos elementos. Las diversas interpretaciones que ha suscitado la Patum, sobre todo a partir del siglo XIX, han respondido a los diferentes patrones sociopolíticos que han regido a cada época.

A finales del siglo XIX, especialmente tras la época denominada como de potenciación de la Patum (1887-1891) (Noguera, 1992:48) y debido en gran parte a la falta de fuentes documentales, los orígenes y significación de la Patum y sus comparsas, fueron teñidos ideológicamente de religiosidad, catalanismo político conservador y patriotismo (Noguera, 1992:61) por autores como Antoni Sansalvador con la obra La Patum (1916), por mn. Bonaventura i Ribera y por el dr. Ramon Huch i Guixer, intelectuales que siguieron la estela iniciada anteriormente por Jacint Vilardaga. Durante la República, los orígenes de la Patum se desligaron totalmente de cualquier explicación o interpretación de cariz religioso, viviéndose un proceso de laicización. En cuanto al período de la dictadura franquista (1939-1975) tras la Guerra Civil (1936-1939), durante la post-guerra, la ideología nacionalcatólica imperante viró la anterior interpretación más civil, política y laica, hacia la de raíz exclusivamente religiosa. La potenciación religiosa de la Patum durante la post-guerra, comenzó con la construcción de la monumental Custodia de Berga en 1944 por Ramon Minoves, cuya base alberga una de las primeras manifestaciones materiales de la Patum (Noguera, 1992:78), continuó con la promoción religiosa del obispo de Solsona, Vicent Enrique i Tarancón en el Congreso Eucarístico Diocesano de 1953, siguió con el canónigo Ramon Espert en la revista Queralt, culminando con la figura del gran estudioso de la Patum, mn. Armengou, quien sin abandonar la interpretación religiosa sobre la Patum, dotó a ésta de una dimensión también cívica, afirmando que era una fiesta religiosa de calle (Noguera, 1992:84). La vinculación simbólica de la Patum hacia el Corpus se produjo hasta la extinción de la celebración.

La procesión del Corpus Christi comenzada en el siglo XIV, fue representándose año tras año con algunas excepciones, en la gran parte de poblaciones catalanas, incluida Berga, hasta la segunda mitad del siglo XX, época en la que empezaron a suprimirse este tipo de procesiones por la influencia de la doctrina del Concilio Vaticano II (1962-1965) (Felipó, 2005:23). En 1956, las autoridades eclesiásticas suprimieron un buen número de octavas litúrgicas en la mayoría de poblaciones catalanas (Costa i Farràs, 1987:66) en vista ante la poca asistencia de la población y el escaso interés que generaba. En el caso de Berga, en 1961, fue alargado el recorrido procesional del Corpus, para en 1965 volverse a hacer el tradicional, siendo el año 1969 el de su última representación, y 1970, el año de su supresión definitiva (Felipó, 2005:180-181).
A partir de 1970 hasta la actualidad, la Patum ha seguido siendo representada ya, sin subordinación hacia sus orígenes religiosos. De todas maneras, sus orígenes todavía pueden vislumbrarse en el período del año en que ésta es festejada -época de Corpus Christi- y en la celebración durante el transcurso de la festividad, de diferentes oficios religiosos que recuerdan en la actualidad cuál fue su origen.